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octubre 13, 2010

Your Gay Friend: Chapter 13


CAPÍTULO 13 FINAL: Acepto

La joven castaña corrió en dirección a su amado. Todas las personas que esperaban sus respectivos aviones la observaban. Él continuaba ignorándola pero ella no desistía. El joven de ojos de esmeralda subió al avión, sin dejar rastros de lo que fue su amor. Todo estaba perdido, sus corazones ya no latirían juntos, ya no bombearían como si fueran uno.

[…] Los años habían pasado y ella aún vagaba por el aeropuerto, sin rumbo, sin un destino. Llorando la marcha del amor de su existencia, aquel que jamás volvió. Sin saber qué esperar, una noche decidió viajar a Italia

- ¡Mierda, mierda, y más mierda! – grité, golpeando la mesa furiosa

- ¿Qué es lo que va mal, Cielo?

- Estoy bloqueada

- ¿A qué te refieres con bloqueada?

- Mira – me paré bruscamente y le extendí la hoja borrador que había estado escribiendo hasta hacía un momento. – Esa es mi tarea para la clase de Literatura, ¡y apesta! No puedo hacer una puta oración coherente.

- ¿Bella por qué demonios eres tan melodramática? – mi novio miraba la hoja, confundido.

- ¿Qué quieres decir exactamente con "melodramática"?

- Primero – dijo tranquilo, intentando calmar mi nerviosismo, creo yo. – Esta historia es demasiado triste, tú no sueles escribir así. Y segundo…la consigna dice basado en un hecho real. No tiene mucho realismo, para ser sinceros…

- ¿Crees que el profesor va a saberlo? Además, ¿quién te dice que no suceden cosas así todos los días?

- No nos sucedió eso a nosotros…

- No importa.- hice una rabieta.

- Bella transfórmalo en comedia.

- ¿En comedia?

- Sí… La castaña grita su nombre, el joven se da vuelta, ella corre a buscarlo, tropieza con una valija por culpa de su vestido de graduación, ya andrajoso,- rió por lo bajo- No te preocupes, te quedaba hermoso de todas formas – lo fulminé con la mirada – luego, él sale corriendo a buscarla, ella tan torpe se sonroja, el intenta levantarla y ella vuelve a caer, pero su amado la ataja y justo cuando van a reconciliarse y a sellar su amor con un beso, ella tropieza nuevamente…

- Edward, ¡no me caí tantas veces! Y eso le saca sentido a la historia, no puedo repetir una secuencia una y otra vez – bufé.

- Bien – dijo acercándose a mí con un tono seductor. Carajo, ya conocía ese gesto - ¿qué te parece si hacemos algo para que te relajes? Después podrás volver a tu historia – retiró los mechones que caían sobre mi cuello y comenzó a besarlo con maestría.

- Necesito hacer esto – empecé a quejarme, con la poca fuerza que me quedaba. Sabía que él terminaría ganando como siempre lo hacía de todas formas, pero nunca estaba de más intentarlo.

- Tienes todo el día de mañana – comenzó a masajear mis pechos por encima de la blusa. Yo por mi parte empecé a híper ventilar.

- ¿P- por qué no empiezas con tu ensayo de anatomía?

- Porque no tengo ganas – rió en mi cuello y comenzó a desabrochar mi camisa.

- Ya para por f…- en ese momento atacó mis labios y perdí toda cordura que aún quedaba en mí. Le devolví aquel beso con desesperación mientras mi lengua pedía permiso para encontrarse con la suya.

- Edward…-gemí.

- ¿Tienes alguna objeción? – lanzó una carcajada jodidamente seductora.

- N-no – hice todo lo posible para hablar claramente, aunque fallé, claro estaba.

- Eres tan influenciable, linda… OUCH – golpeé su hombro lo más fuerte que pude…

- Si no te retractas ahora, maldito homosexual reprimido…

- ¿Qué harás, Swan? – me provocó - ¿matarme?

- No…haré algo mucho peor – bajó su boca hasta mi cuello. Yo por mi parte, hablé seductoramente en su oído – si no dejas de hacer bromitas se me van a ir las ganas de acostarme contigo y tendrás frustración sexual por varios días.

- Te odio – rió a carcajadas. Yo tomé su cara entre mis manos y lo miré a los ojos.

- Yo te amo, con toda mi alma. – me afligí en broma - ¿qué me dices de ti?

- Más que a mi propia vida – comenzó a desabrochar mi camisa.

- ¿Quién es el influenciable ahora?

- Cállate y bésame – me ordenó. Lo obedecí encantada, créanme. Tracé una línea de besos por su cuello, y comencé a tirar de su sudadera de la Universidad, para deshacerme de ella. El maldito chapado a la antigua la llevaba dentro de sus pantalones y se me hacía imposible poder sacarla.

- ¿Podrías ayudarme con esto por favor? – le imploré con cara de perro mojado. Automáticamente, llevó mis manos a su camiseta y la quité con ayuda de las suyas. Comencé a besar su perfecto pecho, mientras bajaba hasta la línea de su cintura. Comencé a bajar su pantalón y me llevé una sorpresa.

- ¿Sin ropa interior Cullen? Interesante…

- Bella basta de juegos – me levantó y volvió a besarme. Yo por mi parte, enredé mis piernas en su cintura, logrando que mi ya excitado novio gimiera por el roce de nuestros sexos. Me llevó hasta la pared más cercana y me estampó contra ella. Miré hacia abajo y recién en ese instante me di cuenta que ya no estaba allí mi camisa.

- ¿Cómo dem…

- Shh – me calló. – Sólo disfruta. –comenzó a desabrochar mi sostén a medida que iba bajando mientras besaba cada milímetro de mi piel. Llegó hasta mis pechos y los tocó, lamió y pellizcó hasta aburrirse. Siguió bajando y se encontró con mi falda de Jean, -la cual solo levantó – y una pequeña tanga, que me sacó en una milésima de segundo. Continuó besándome, cada vez acercándose más a mi zona íntima. No quería ni pensar en la piscina de atletismo que debía tener ahí debajo.

- ¡PUTA MADRE EDWARD MÁS RÁPIDO! – No pude evitar gritar como una perra en celo cuando sentí su lengua adentrándose en mi centro.

- Bella – Edward se separó de mi vagina, haciéndome suspirar molesta. – No quiero que Eleazar venga otra vez en pleno acto a quejarse, por favor no grites – me sonrió dulcemente. Hijo de puta, ya llevábamos años juntos y seguía provocando exactamente lo mismo que cuando éramos dos adolescentes.

- Lo siento – respiré agitada mientras Edward se quitaba su pantalón, dejando expuesta su – importante- erección, y me lo extendía.

- Tápate la boca con esto. – Le hice caso, sólo para poder sentir su aroma mientras me hacía el amor con su boca. Otra vez sentí como su lengua besaba toda mi intimidad y me volvía loca de placer. Sentí los primeros indicios del orgasmo, unos minutos después.

- Edward me voy a correr – dije en un susurro, producto de mi respiración entrecortada.

- Hazlo hermosa – me dejé ir al escuchar sus palabras. Sentí como mi cuerpo se contrajo en un espasmo y el hombre de mis sueños volvió a ponerse de pie para quitarme mi falda, tomarme por la cintura y llevarme a nuestra habitación, acunada en sus brazos. Me depositó dulcemente sobre la enorme cama que nos dimos el lujo de comprar el año pasado, aunque yo no le permití a él recostarse a mi lado. Quería devolverle el mismo placer que él acabada de darme.

- Déjame a mí ahora – quise posicionar mi boca cerca de su miembro, pero él no me dejó.

- No amor, te dije que disfrutes – solo me limité a asentir. Estaba demasiado caliente como para ponerme a discutir con él.

- Se colocó sobre mí y comenzó a besarme tiernamente. Eso era justamente lo que más amaba de tener relaciones con Edward. Él siempre se encargaba de demostrarme lo mucho que me amaba, respetaba y cuidaba. No sé si él era el tipo perfecto, pues era bastante gruñón por las mañanas, extremadamente masoquista y terco, sobre todo, pero había algo de lo cual estaba segura al cien por cien: tal como él había dicho una vez – cuando concretamos nuestro amor, por así decirlo. Jamás olvidaría aquella frase- : era perfecto… para mí. Todos mis pensamientos se esfumaron cuando sentí como entraba en mí de una sola vez, llenándome, haciendo que toque el cielo con las manos, una vez más. Mi respiración se volvió errada nuevamente, mientras el nos cubría con las sábanas mientras me penetraba. La seda color celeste se deslizaba por su tez nívea y juro que no había imagen más bella para mis ojos.

- ¿Te gusta así? – ronroneó en mi oreja a medida que aumentaba la velocidad con cada estocada.

- S-sí.

- Dime cuanto te gusta, Cielo – una de las mejores cualidades que tenía Edward: podía hablar sucio sin dejar de ser la persona más tierna del Universo.

- M-mucho. Edward, ya voy a…

- Hazlo de nuevo, quiero sentirte – comencé a mover mis caderas, aumentando el ritmo - ¡Dios Bella! Yo también voy a venirme.

- Sin más, los dos terminamos en un increíble orgasmo juntos, agitados, como ya era usual. Edward se volteó para dejarme encima de él e hizo que mi cabeza descansara en su pecho, y comenzó a sacar los mechones de pelo que caían por mi cara, para que no se llenen de sudor, el cual impregnaba toda mi frente. Mis ojos comenzaron a cerrarse lentamente, provocando que perdiera la conciencia y me sumergiera en los más profundos sueños, que a pesar de ser excelentes y libres de pesadillas desde hacía mucho tiempo, no se comparaban en nada a la realidad que estaba viviendo.

Edward's POV

Miro el reloj de mi mesa de luz. Las manecillas marcan las doce de la noche. Un nuevo día de verano sacude a New Haven. Todo está calmado afuera, los autos pasan como cualquier otra madrugada y la poca brisa que sopla, no llega a proporcionarme ni de asomo, la calma que me genera el maravilloso ser que yace sobre mi pecho, con sus ondas castañas y sus ojos chocolate, que ahora mismo no puedo ver porque sus párpados los cubren. Ella es todo lo que quiero, e incluso más, pero por supuesto, lo que jamás creí que llegaría a tener algún día. Que loco e impredecible puede llegar a ser el mundo, pero que maravilloso y reconfortante a la vez. Hoy con mis 22 años me pongo a pensar en todo lo que pasó, y como aquel día que pensé, sería el más desgraciado, se transformó en el más dichoso de toda mi existencia.

Flashback

El Mercedes de mi padre abrió paso por la carretera, y supe así que no había marcha atrás. Encendí mi Ipod y me puse a contemplar el paisaje que dejaba atrás. Nunca le había prestado atención, pero por algún extraño motivo, quería grabarme hasta la más mínima imagen de mi pueblo, Forks, aquel que me proporcionó los mejores momentos de mi adolescencia. A mi lado, Emmett y Alice estaban con la mirada perdida. Al principio me asusté por como la enana miraba su celular cada cinco segundos, pero luego me tranquilicé al notar que estaba hablando con Jasper por teléfono. Bien. No había intentado comunicarse con Bella y también le dijo a Jasper que ni el ni Rose lo hicieran. El resto del viaje se hizo lento, tortuoso, y realmente quería llorar, pero debía mantenerme fuerte ahora más que nunca. El Aeropuerto de Port Ángeles, Italia y la Plataforma 98 me esperaban del otro lado de la puerta automática.

- Prométeme que vas a llamarnos – mi madre me abrazó fuerte y lloró en mi cuello.

- Lo haré mamá, te lo prometo – intenté parecer frío, para no hacérselo más difícil. Tenía que convencerla de que realmente quería irme.

- Hijo…no sabes lo orgulloso que me haces sentir siguiendo la carrera que yo elegí hace bastantes años – mi padre abrió paso entre mi madre y yo, depositando mis valijas a un costado.

- Tú siempre fuiste mi modelo a seguir…

- Lo sé – me dedicó una sonrisa fraternal – pero no quiero que esto arruine tu vida, irte tan lejos…

- Papá, debo hacerlo. Quiero hacerlo.

- Confío en ti

- Hermanito – Emmett nos interrumpió y me abrazó dejándome sin aire. – Si no me llamas voy a tomarme un avión y voy a romperte esa carita…

- Ya entendí Em, yo también te voy a extrañar.

- Sólo faltaba saludar a mi pequeña hermana, quien creo yo, sería la persona que más falta me haría todos los días de los próximos años. Caminé con cautela hasta ella, preocupado de cómo pudiera reaccionar, pero parecía…distraída, o esperando algo.

- Alice – llamé su atención – ven. Ella caminó hasta mí despacio y me saludó con una ¿sonrisa? ¿qué demonios le pasaba?

- Nos vemos pronto hermanito – me abrazó por la cintura y yo apoyé mi mentón en su cabeza.

- Saluda a Jazz y a Rose por mí. Diles que los amo y que voy a extrañarlos. Y pídeles perdón por irme así. También díselo a Bella…

- OH, créeme que no hará falta.

- ¿Tú le…?

- No Edward, no hablé con ella, ¿bien?

- Bien. Será mejor que me vaya, familia – hablé dirigiéndome a todos. – Voy a comprar algún snack para el vuelo. Los veo

Me alejé por el pasillo, y paré en un pequeño kiosco a comprar algo para el viaje. No pude evitar agarrar una gran bolsa de Skittles, me hacían recordarla tanto…Los pagué justo cuando una voz para nada conocida me hizo apresurarme.

- ¡Últimos minutos para abordar! – gritó una joven que supuse hablaba de mi vuelo, pues era el único que saldría en un rato.

Volví al pasillo y caminé en dirección a la plataforma. No quise mirar hacia atrás, no quería volver al pasado y mucho menos ilusionarme con la idea de que tal vez ella viniera a buscarme. Me apresuré un poco más.

- ¡EDWARD! – un aullido de dolor resonó a varios metros de distancia a mis espaldas. Al principio, pensé que eran simples alucinaciones. Quería golpearme a mi mismo por delirar a más no poder.

- ¡EDWARD! – Aquella voz angelical, que sonaba totalmente rota, volvió a llamarme. Decidí echar una simple mirada, seguramente me encontraría con algún otro Edward por allí, al que seguramente el amor de su vida estuviera llamando, pero no a mí. Volteé con cautela y la imagen que tenía enfrente mío me dejó paralizado. Allí estaba ella, con lágrimas en los ojos, el cabello revuelto y un vestido azul totalmente harapiento y roto.

Caminé a su encuentro, aún medio grogui. Ella corrió en mi dirección levantando más su vestido. Un minuto… ¿estaba ella descalza?

- ¡EDWARD POR FAVOR NO TE VAYAS! – ya casi podía sentirla cerca de mí, cuando de repente se llevó puesta una maleta y cayó redonda al suelo. Desperté de mi inconsciente en ese momento. Claro que era ella. No había alucinaciones, ni ángeles, ni fantasmas. Sólo era la torpe y hermosa Bella. Y ella había venido por mí, había venido a buscarme.

Corrí más rápido para alcanzarla y ayudarla a levantarse lo más pronto posible. El color carmesí no tardó en aparecer en sus mejillas al notar que medio aeropuerto estaba observando qué era exactamente lo que haríamos. Rocé su mano después de varios días de no poder tenerla, y la misma corriente eléctrica, traspasó todo mi sistema nervioso. La miré a los ojos mientras la ayudaba, y al notar lo que estaba haciendo, volvió a trastabillar sobre la misma maleta, provocando que un hombre calvo – probablemente el dueño de la misma- gruñera a nuestras espaldas.

- Bella, ¿estás bien? – pregunté una vez que ella logró pararse. Noté como volvía a sonrojarse, pero esta vez producto de su frustración y enojo. Era demasiado predecible.

- ¡No! ¡No me encuentro para nada bien! – comenzó a llorar de nuevo y sentí que el corazón se me saldría del pecho – ¡soy una maldita! ¡Una maldita idiota y buena para nada!

- Bella…

- No, no, déjame hablar – tomó aire y lo largó por la boca. – Puedes hacer lo que quieras luego, pero por favor escúchame. Sé que rompiste con Félix, acabo de enterarme. He sido una estúpida, ciega y maldita desconfiada y me odio por eso.

- Yo también soy un idiota…lo de Félix estuvo mal, yo tendría que haberlo sacado, no quise lastimarte y me quedé mudo cuando…

- No tienes la culpa, créeme que ahora entiendo todo perfectamente – no sé de que hablaba, pero no quería interrumpirla. – Sólo quería decirte que lo siento, de verdad, si quieres irte ahora en ese avión, respetaré tu decisión – agachó la cabeza, sumamente dolida.

- ¿Tienes algo más para decirme? – pregunté de repente. Ella me miró incrédula.

- No…de hecho…ahora que lo mencionas si.

- Pues dime…

- Te amo. Con cada parte de mi alma.

- ¿Eso es todo?- otra mueca de dolor atravesó su rostro.

- C-creo…

- Bien ahora es mi turno de hablar - tomé su cara entre mis manos y la miré fijamente a los ojos. Otra vez las lágrimas rodaban por sus mejillas. No aguanté más y comencé a derramar algunas yo también. Al final, resulté ser más maricotas de lo que creía – Bella tú significas todo para mí, y sólo quise irme porque creí que tú me querías fuera de tu vida. No podría soportar como otro tipo te tocara o te besara estando yo tan cerca de ti. Sería para mí, simplemente la muerte en vida. Si tú quieres que me quede contigo, eso es lo que haré. Me quedaré a tu lado hasta que tú quieras.

- Te querré a mi lado siempre – explotó en llanto y yo le seguí. Puedo asegurar que había algunas mujeres emocionadas mirando la escena a nuestro alrededor.

- Entonces aquí me quedaré…

- ¿Lo prometes? – pude ver el brillo en sus ojos detrás de todas las lágrimas.

- Lo prometo. – sin más se subió a horcajadas mío y me besó con tanta ternura, que logró derretir mi corazón por completo. Enterré mis dedos en su cabellera y le devolví aquel beso con tanto amor como me fue posible. A nuestro alrededor todos comenzaron a aplaudir, como si se tratara de una película romántica, aunque…vaya escena, realmente se merecía un premio Oscar. Comenzamos a reír por semejante espectáculo.

Fin del Flashback

No sé cuanto tiempo permanecimos pegados el uno al otro, cuantas veces Bella me regañó por no dejar que nadie le avisara –aunque luego me comentó que Alice, Jazz, Rose, Jacob y Félix habían participado en eso-, ni cuantas veces mi familia me golpeó la cabeza por ser tan tonto… sólo sé que desde ese momento, nunca más volvimos a separarnos.

Pasamos unas vacaciones de verano maravillosas. Fue complicado para los graduados de Forks, comprender que "Edward ya no comía penes", o como quieran llamarle, tenía novia, pero sé que más de uno se sorprendía – e incluso me envidiaba -, por la hermosa castaña que ahora paseaba de mi mano por cualquier lugar de aquel pequeño pueblo. Y bueno…mejor no hablemos de Charlie…cuando se enteró que "la mejor amiga de Bella" ahora era su novio…casi carga su antigua escopeta de Sheriff y me agujerea como a un queso Gruyere al recordar quién era el que solía pasar noches enteras durmiendo con su hija adolescente.

Al terminar el período, juntamos el dinero que nuestros padres nos regalaron para la graduación, vendimos – casi a la fuerza -, el cacharro de Bella, y con el dinero compramos un penthouse a unas tres calles de nuestro nuevo segundo hogar: Yale. Bella finalmente había decidido estudiar literatura, y por supuesto, yo seguiría con la carrera de medicina. Teníamos suerte de tener padres adinerados, – Los Swan se habían vuelto muy respetados en Forks luego de que Charlie hiciera un gran dineral gracias a su nueva invención de puertas y ventanas blindadas de alta seguridad, las cuales ya habían recorrido todos los Estados del país- ellos nos daban algo de dinero para los estudios, y el resto lo compensábamos trabajando dos o tres días a la semana en una agencia de coches de un viejo amigo de mi padre, Marco. Realmente éramos muy afortunados.

Ya han pasado cuatro años desde entonces y las cosas han cambiado bastante:

Afortunadamente, Alice y Jazz también acuden a Yale con nosotros. Alice cambió de planes a último momento, y decidió estudiar psicología…siempre creí que sería ella quien necesitaría uno. Por otra parte, Jasper ha elegido historia, debido a su amor eterno por las guerras y el desenvolvimiento del mundo a lo largo del tiempo. Rose terminó su carrera de abogacía, ya pertenece a un buffet de abogados y todos la felicitan por el éxito que ha alcanzado con tan corta edad. Mientras tanto, Emmett continúa estudiando comercio también en Harvard, no le queda mucho y ya tiene algunas ofertas de trabajo. Están viviendo en Cambridge, Massachusetts, felizmente casados y esperan a Lillian para dentro de tres meses. Todavía no puedo creer que seré tío. Por otro lado, Félix se instaló en Dartmouth y tal como predije…volvió con Demetri. Él y Bella se volvieron buenos amigos desde que él la ayudó a detenerme. Le estaría eternamente agradecido por ello. En cuanto al perro… digo, Jacob, se mudó a California para estudiar ingeniería aeronáutica en Stanford, y allí conoció a Reneesme Wolfe. Le dijo a Bella que fue amor a primera vista, y creo que se casaron hace un año y medio.

Lo único que puedo decir que no cambió en absoluto, es mi amor por Isabella Swan, que se incrementa cada día un poco más. Todo lo que hace me parece increíblemente maravilloso y hoy tengo la absoluta certeza de que nada podrá separarnos. Y aunque a veces sienta que el tiempo pasa volando como la misma luz, al mirar su sonrisa, todos mis miedos desaparecen y sé que no importa cuan rápido todo vaya, siempre habrá alguien a mi lado para darme la mano y decirme que todo irá bien. Aunque hay algo que quiero hacer para sellar nuestro amor toda la eternidad. Por eso, y aún recordando el pasado con alegría, decidí cerrar mis párpados y esperar a que mañana Bella acepte mi propuesta.

Bella's POV

Gracias a Dios era sábado. Por alguna maldita razón, el despertador sonó a las nueve de la mañana. "Claro Bella, ayer follaste de lo lindo con Edward por décima sexta vez en la semana y por eso te olvidaste de desactivarla" – una voz en mi interior gritó.

Bien, desde que formalizamos con Edward, nos hemos vuelto unos malditos sexópatas, pero, ¿qué más da? Éramos pareja ahora y por más que no estuviésemos casados – "Ya quisieras Bella"– mi subconsciente volvió a hablar- , nuestra relación iba cada vez mejor. De sólo pensar en ello me puso de buen humor y salté de la cama totalmente desnuda, para buscar mi bata de seda y preparar un desayuno en grande, para sorprender a mi novio que dormía como un hipopótamo y no paraba de roncar.

En una hora logré preparar un aparatoso desayuno con tostadas, mantequilla, mermelada, muffins, café y jugo de naranja fresco. Encendí la radio al paso, mientras decoraba la bandeja que le llevaría a Edward a la cama de sorpresa. Una canción que me llenó de recuerdos llegó a mis oídos y no pude evitar cantar como una desenfrenada.

- Sing us a song and we'll sing it back to you. We could sing our own, but what would it be without you? This heart, it beats, beats for only you, this heart, it beats, beats for only you. My heart is yours…(1)

- Juras que es mío… ¿cierto? – sentí que Edward me tomó por la cintura sorpresivamente.

- Me asustaste – reí por lo bajo.

- No, créeme que tú me asustaste – dio una vista rápida a la radio.

- Muy gracioso – lo fulminé con la mirada, para luego volver a una expresión más relajada. – Buenos días – me sonrojé como una idiota.

- Buenos días, princesa – me besó el cuello - ¿a qué hora te levantaste?

- Hará un poco más de una hora. Olvidé desactivar el despertador…VE TÚ A SABER POR QUÉ.

- Lo siento – explotó en carcajadas.

- No pasa nada. De todas formas, me vino bien…aunque cagaste la sorpresa – hice un berrinche.

- ¿Eso es para mí? – Preguntó con brillo en sus ojos.

- Sí, si lo es, puedes ir a acostarte y yo te lo llevo si quieres…

- Gracias, pero luego… hay algo que quiero decirte primero. – metió ambas manos en los bolsillos de su bata y agachó la cabeza. OH OH…

- ¿Algo va mal? – quise levantar su mentón con mi mano, pero él no me lo permitió. En cambio, comenzó a bajar hasta arrodillarse en frente mío. No pude ni siquiera volver a pensar, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.

- Isabella Swan…prometo amarte durante cada minuto de nuestras vidas… ¿me harías el honor de casarte conmigo? – su rostro era el de un triunfador, sonriente, seguro. Yo no quería imaginarme como lucía el mío al lado del suyo…debido a todo el llanto.

- Acepto – me abalancé sobre él besando su cara tan perfecta, mientras el me acunaba en sus brazos. – Te amo…

- Como yo a ti. Tú eres mi vida…No quiero arruinar el momento, pero… deberíamos decírselo a Alice…

- No te preocupes – en ese preciso momento, el teléfono de línea sonó – ya lo sabe.

- ¿Cómo demonios lo hace?

- Algún día lo averiguaré, creéme. Ahora, antes de atender… - lo miré fijo a los ojos.

- Dime…

- ¿Prometes que nada de hombres? – intenté contener la risa.

- Lo prometo.

- Te amo, mi homosexual amigo.

- Como yo a ti, Cielo – Dejamos que el teléfono siguiera sonando, y se inclinó una vez más para besarme.

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